LA CIUDAD DE CÁCERES: EXPERIENCIAS PROFESIONALES VIVIDAS (1975-2025)
4.6. El paisaje Integrado de Aldea Moret: génesis, evolución y finiquito (1860-1973)
El paisaje integrado de Aldea Moret fue la síntesis de relaciones causales entre explotación minera, desarrollo industrial, transporte ferroviario y uso habitacional. Minería de fosfatos, tinglado ferroviario, actividad industrial y poblado minero conformaron el complejo minero industrial centenario de Aldea Moret (1860-1960), ubicado a tres km en la periferia suroccidental de Cáceres. El único exponente de la revolución industrial, incomprendido para la memoria urbana cacereña, cuyas imágenes actuales de abandono, deterioro, destrucción y aniquilación premeditada por la ola urbanizadora constituyen una afrenta histórica al patrimonio minero, industrial, urbanístico, arquitectónico y ambiental.
El
poblado minero de Aldea Moret[96]
conformó en Cáceres la materialización teórica de una colonia obrera planeada ex novo, (1887) como poblado-factoría paternalista de corte anglosajón, fundamentado en las teorías habitacionales del socialismo utópico
francés e inglés, pionero en el desarrollo del formato de Ciudad-Jardín (Garden City): “cada obrero en una casa y en cada casa un huerto y un jardín”, que
defendería Arturo Soria y Mata en su Teoría de
Sus logros se resumían en: explotación productiva y residencia integradas en la naturaleza; conquista obrera de sustitución de los primitivos barracones colectivos por vivienda unifamiliar con presencia constante de vegetación pública y privada; dotación de ferrocarril como moderno elemento de transporte, y hábitat alejado de la ciudad donde compaginar residencia y trabajo de auténtico proletariado minero-industrial con tareas agrícolas de subsistencia a tiempo parcial.
El plano de trama ortogonal se organizó mediante cuatro calles longitudinales trazadas a cordel, de sensible orientación Norte-Sur, paralelas entre sí (Santa Cristina, Real, Santa Isabel y Abundancia), cortadas por las trasversales de (Santa Eulalia y San Eugenio), con viales de tierra apisonada, de anchura superior a la altura de las viviendas que los flanqueaban, y anchas aceras arboladas con alcorques, evidenciaban el compromiso medioambiental del higienismo decimonónico finisecular (insolación, aireación, ventilación, arbolado público añadido al verde privado –jardín y huerto- de cada vivienda) que el insigne ingeniero, arquitecto y urbanista Ildefonso Cerdá sintetizó en su lema: “Urbanizad el campo, ruralizad la ciudad, repletam terram”, con posterior instalación de farolas de hierro forjado para el alumbrado.
Sobre el
manzanero y parcelario regulares se construyeron dos tipologías de viviendas:
las unifamiliares domésticas de una planta (con fachada de entre 5 y
Al otro lado de la vía férrea, las viviendas de dos plantas para ingenieros reflejaban en su estructura y composición arquitectónica la diferenciación del estatus socio-productivo, dando lugar a tres bloques exentos de dos plantas con sólida estructura constructiva en medio de un espacio verde y arbolado, de los que se conservan dos. Completaban las tipologías edificatorias los contenedores de la iglesia y casa parroquial de San Eugenio, escuela, economato, botiquín, laboratorio y edificios de oficinas técnicas, talleres de dibujo, administración y trabajos topográficos.
Entre 1886 y 1981, la dinámica demográfica fluctuante del poblado minero discurrió paralela a los avatares y coyunturas económicas del complejo minero-industrial: los 340 habitantes de 1887 se redujeron a 177 habitantes en 1896, por efecto de la crisis de 1892 que paralizó la explotación minera entre 1893 y 1899, para despertar del letargo en la segunda década del siglo XX (571 hab. en 1910) por el efecto dinamizador de la demanda internacional de fosfatos durante la primera guerra mundial (1914-1918).
La unidad del poblado se romperá a partir de 1929
por el cierre de instalaciones hasta 1947 y por la promoción municipal de
autoconstrucción de
Dotaciones
y equipamientos comunitarios como la iglesia de San Eugenio (1886) -elemento
aglutinador de la feligresía, pese a su posición excéntrica en el poblado-,
escuelas, economato, laboratorio, almacén general, cantinas y estación de
ferrocarril, conferían al poblado minero, popularmente conocido como “El
pueblito” el carácter de una célula poblacional autónoma de ciudad minera en
miniatura. El agua utilizada en las viviendas se acarreaba a cántaros por las
mujeres (a la cabeza o al cuadril) y por los hombres en aguaderas a lomos de
caballerías para su consumo o venta desde la llamada “Fuente Santa”, situada a
El poblado minero de Aldea Moret[97] fue el proyecto pionero cacereño de urbanismo planeado (1887), autárquico en servicios, dotaciones, equipamientos, zonas verdes-deportivas y comunicado por ferrocarril. El cierre de la explotación (1973) arruinó el complejo minero-industrial. Dentro del conjunto, las tipologías arquitectónicas definieron perfectamente cada uno de los usos en el territorio, adaptándose a las funciones específicas: pozos mineros, industrias transformadoras, ferrocarril y poblado minero. Las tipologías edificatorias en este ámbito minero-industrial arruinado mantienen aún los esqueletos de los contenedores de extracción, transformación y almacenaje en flagrante deterioro físico. Dentro del poblado minero, con su integridad rota por demoliciones sucesivas de edificios de servicios y de viviendas, podemos consignar como reliquias la docena de viviendas que aún mantienen en pie los residentes, las viviendas para ingenieros y la iglesia de San Eugenio.
Con sucesivas generaciones de alumnos, fuimos testigos de su aniquilamiento durante las prácticas anuales de Geografía Urbana. Las señas de identidad de Cáceres no se limitan al núcleo genético “monumental”, reduccionismo dominante entre los cacereños de toda la vida (catovi), muy conservadores ellos, pero incapaces de preservar los valores urbanísticos y patrimoniales del ensanche y periferias cacereñas[98].
Continuará…
[96] Gómez, Dionisia. (1978): Aldea Moret, de poblado minero a suburbio cacereño. Aula de Cultura de la Caja de Ahorros de Cáceres, Cáceres. 109 p.
[97] Campesino, Antonio-José. y Ariza, Diego. (1988):
“Pueblos deshabitados de Extremadura: Poblado minero de Aldea Moret / Estación
Arroyo-Malpartida. Dos casos interrelacionados de abandono por reconversión de
la actividad industrial cacereña”. OESTE,
Revista de Arquitectura y Urbanismo, nº 5. Colegio Oficial de Arquitectos
de Extremadura (COADE), Badajoz, pp. 121-134.
[98] Ariza, Diego; Bernal, José Luis; Campesino,
Antonio-José; Lozano, María del Mar. (1994): “Paseos por la ciudad de Cáceres”. Periferia. Publicación semestral de
Arquitectura, 13 (2º semestre). Colegios de Arquitectos de Andalucía,
Extremadura y Canarias, Sevilla, pp. 114-135.